Ciencia cañí, refutación de bobadas sobre
Euskal Herria
reproduce el artículo, precisamente titulado Ciencia
cañí, publicado en EGIN el 28 de mayo de 1997
por Alfontso MTNEZ LIZARDUIKOA, Doctor en Ingeniería,
filósofo y profesor titular de Filosofía de la Ciencia
de la Universidad del País Vasco. Este es el texto del
artículo:
Ciencia cañí
El historiador Jorge Alonso García nos dice que ha logrado
descifrar la lengua ibero-tartésica a partir del euskara,
demostrando, contra la opinión de la mayoría de
los científicos, que ibero y euskara eran lenguas comunes.
Después, un catedrático de la Complutense de Madrid
publica un trabajo de genética de poblaciones en el que
demuestra que vascos, argelinos y "españoles de Madrid"
(sic) son los grupos humanos con mayor relación genética,
negando a su vez el Rh(-) como característica diferencial
de los vascos.
Más tarde Jorge Alonso ataca de nuevo, y anuncia (de nuevo
en "El Mundo") que ya no sólo es el ibero, sino
también el indescifrable etrusco el que ha caído
bajo su parafernalia descubridora y el euskara, de nuevo, ha sido
la llave mágica. Según Jorge Alonso el origen de
los vascos hay que buscarlo en Africa, pero a través de
los iberos. En un reciente librito de divulgación acerca
de los vascos, una conocida editorial madrileña resumía
en su introducción la situación: "los vascos
son los herederos de la raza ibera", "el espíritu
español se resguardó en las montañas de la
cornisa cantábrica". Finalmente, la propia Universidad
el País Vasco, tan presta a colaborar en estas magnas empresas
de culturización, presentaba una investigación del
Departamento de Biología Molecular de la Facultad de Medicina,
en el que se concluía que no existe característica
genética alguna que diferencie a los vascos de los pueblos
que nos rodean.
Uno, que ha tenido la ingenuidad de comprar el libro de Alonso,
ha encontrado que este señor no tiene ni puñetera
idea de lo que es la metodología científica en general,
ni la de la lingüística en particular. Su "análisis"
está calcado del de la paleolingüistíca, tiempos
pretéritos en los que mediante una exhuberante imaginación
se intentaba relacionar todo lo que hiciera falta con tal de lograr
el objetivo deseado; en el caso de Alonso, demostrar que lo vasco
no es original sino un subproducto ibérico. Por supuesto,
ni una sola publicación en revistas especializadas o comunicación
en congresos. La razón es muy sencilla: le tirarían
piedras.
El estudio genético de Arnaiz quiere ser más científico. Para ello nos abruma con palabrería genetista, pero al final surge la perla cuando realiza una comparación entre los vascos (reconocidos en términos antropológicos y lingüísticos como colectivo diferenciado) y el colectivo de, agárrense que hay curva, "los españoles de Madrid" (sic), y por si fuera poco los correlaciona con "los argelinos de Argel" (es decir los madrileños de Argelia), cuando lo que busca es correlacionar a vascos y bereberes del Atlas. Al final resulta que encuentra una estrecha relación entre españoles de Madrid, vascos y argelinos de Argel (según él, bereberes). Además, también demuestra que los vascos somos mucho más parecidos a los españoles de Madrid que a los franceses (sic). ¡Al fin ha muerto el mito de Iparralde!.
La conclusión es obvia: los trabajos genéticos corroboran
la gran tesis de la españolidad de lo vasco. Al fin nos
enteramos de que los trabajos de Arnaiz y Alonso forman parte
de una ofensiva "científica" contra el hecho
diferencial vasco en la que toman parte, al menos, una Fundación,
alguna Editorial y revistas "científicas" madrileñas
de dudosa calidad, así como una parte de la entusiasta
prensa de ámbito estatal y autonómico. Ha nacido
la "ciencia cañí".
No ha de sorprendernos que en una España de toreros, castañuelas
e inquisición (en la que la nueva brujería es el
hecho diferencial vasco) se utilice a la "ciencia" como
instrumento ideológico, con el objetivo de que las masas
alienadas interioricen que el problema vasco es un problema de
gente patológicamente violenta, de gente que no posee ninguna
referencia ni histórica ni cultural a la que agarrarse
para levantar la bandera de la diferencia, y que por tanto su
lucha frente al Estado español no posee ninguna racionalidad.
La ciencia cañí lo único que quiere "demostrar"
es que en el norte hay algunos españoles que se han vuelto
locos.
Sin embargo, y a pesar dela alienación colectiva de gran
parte de las masas del Estado español, es un hecho irrebatible
(la literatura científica está al alcance de todos)
la admisión del hecho diferencial vasco en los circuitos
internacionales. Los mejores lingüistas (Ruhlen y Greenberg,
sin olvidar a los desaparecidos Tovar o Mitxelena), arqueólogos
(Renfrew y Gimbutas), y genetistas (Cavalli Sforza, Menozzi o
Bertranpetit) en activo aceptan la identidad vasca como un hecho
empírico, y como una de las mayores aventuras del ser humano
que desde la lejana prehistoria ha logrado mantener una evolución
sin rupturas hasta los albores del siglo XIX. ¿No sería
más sencillo reconocer el derecho de autodeterminación
y no rizar el rizo hasta inventarse la impresentable "ciencia
cañí"?
Alfontso MTZ. LIZARDUIKOA